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DIA DEL IDIOMA 2015

El Día del Idioma se celebra en Colombia y en la mayoría de países de habla hispana como un homenaje a la memoria del Escritor Español Miguel de Cervantes Saavedra, por su contribución al engrandecimiento de nuestra lengua española con su obra maestra “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”. Novela publicada en 1605 consolidando nuestro idioma y con la cual su escritor alcanzó la gloria de la Literatura Universal al lado de Homero, Dante y Shakespeare.

 

EL QUIJOTEMiguel de Cervantes se preparaba para escribir una nueva versión de esta obra literaria la cual pareciera ser se escenificaría en América, pero una enfermedad truncó esta intensión y falleció el 23 de abril de 1616 en la ciudad de Madrid.

En Colombia se instituyó el Día del Idioma bajo el gobierno de Alfonso López Pumarejo, por medio del Decreto 707 de 1938 en una demostración de aprecio por nuestra lengua.

Publicamos aquí el Decreto 707 del 23 de abril de 1938.

DECRETO NÚMERO 707 DEL 23 DE ABRIL DE 1938 por el cual se instituye el DIA DEL IDIOMA.

El Presidente de la República de Colombia, en uso de sus atribuciones legales,

DECRETA:

Artículo Primero - Señálese el 23 de abril de cada año para celebrar el DIA DEL IDIOMA, como homenaje al insigne Miguel de Cervantes Saavedra.

Artículo Segundo - En los establecimientos de enseñanza primaria, secundaria y normal los respectivos maestros o profesores dictarán en ese día conferencias sobre el idioma castellano, y darán lectura a trozos escogidos del QUIJOTE; o de otras obras célebres de la literatura española.

Artículo Tercero - En las escuelas normales y en los colegios de enseñanza secundaria que dependan de la Nación se abrirán concursos para premiar el mejor estudio sobre el idioma castellano. Los alumnos vencedores recibirán del Ministerio de Educación Nacional un ejemplar del Quijote y una mención honorífica por sus méritos en el la propaganda y defensa del idioma patrio. La calificación de los concursos se hará por comisiones formadas por miembros de la Academia de la Lengua.

Comuníquese y publíquese.

Dado en Bogotá el 23 de abril de 1938.

(Fdo.) ALFONSO LOPEZ PUMAREJO

El Ministro de Educación Nacional,
(Fdo.) JOSE JOAQUIN CASTRO MARTINEZ.

PARQUE

Plaza Simon Bolivar y Biblioteca Municipal En ese entonces, durante los días de paro estudiantil de los colegios públicos - que podian durar meses - los estudiantes de la ciudad iban a sacarse la famosa foto en el parque, por ochocientos pesos.

También los niños de la época tienen, por lo menos, una foto con su sombrero mejicano, cabalgando en el caballito de madrea, forrado en cuero de vaca y de mirada incorruptible, hecha de cristales de canicas. Los fotógrafos, con su cámara colgada al cuello y su bicicleta al lado, situaban a los retratados de manera tal, que salían con poses y actitudes falsamente casuales - y uno que otro indigente en el fondo -. De esto solo podían percatarse los clientes a la semana siguiente, cuando se hubiera revelado el rollo. Pero esa era la moda en Tuluá, a principio de los noventas.

La fachada de la biblioteca, con sus palmitas, sus veraneras florecidas y sus árboles, siempre era un buen fondo para la foto (pareciera que la biblioteca solo tuviera esa funcion, porque los estudiantes poco la visitaban). Otro buen escenario para el retrato eran aquellas banquitas de cemento con los extintos logos de "Las Villas" o "Ahorramas", diseminadas a lo largo del parque. Este siempre ha sido un buen escenario para tomarse una foto o para pasar un rato. El piso, en aquel entonces, era una superficie blanca y negra, formada por baldosas cuadradas, a su vez subdivididas por pequeños cuadraditos, a la manera de chocolatinas; algunas ya rotas por el efecto implacable del tiempo. El prado, que no era prado sino polvo, estaba a ras del suelo, donde los vendedores ambulantes, con sus chazas de dulces, sus triciclos de cholado y sus palos de algodones rosados envueltos en bolsas plásticas transparentes, los fotografos y los emboladores tenian su puesto se trabajo. Al norte, de espaldas a la biblioteca y con la mirada puesta en el palacio de justicia - un enorme edificio colonial - estaba la estatua negra del Libertador, sobre su imponente pedestal de mármol con ángeles y loeones tallados, manchados por el salitre. El pasto mal cuidado y muchas bicicletas encadenadas alrededor, enmarcaban su figura.

Eso fue entonces. Hoy el espectáculo se ha modificado sustancialmente. Los mismos fotógrafos, en sus mismas bicicletas, veinte años más viejos, desplazados por la tecnología digital y a quienes los estudiantes de otrora - algunos ya profesionales no emplean para tomarse la foto. Sobreviven sólo uno o dos caballitos de pelo de vaca con las mismas canicas en los ojos, que ahora los niños no montan para posar sobre ellos. Los vendedores ambulantes mejoraron sus chazas y las cambiaron por coches de niños, con algunas modificaciones para cargar en vez de bebes, dulces y cigarrillos. Hay también más indigentes y ninguna banca. Algunos prados los elevaron de altura y sus muros sirven de banca a los visitantes. Tres astas sin banderas, frente a la biblioteca que conserva su apariencia de cubo gigante y traslúcido - ahora sin escaleras y con una rampa de acceso - anuncian que se trata de un edificio estatal.

Son pocos los visitantes del parque. Los tulueños, como hijos desagradecidos despues de recibir tanto, se marchan a los centros comerciale. Sin embargo aun persisten los enamorados de bajo presupuesto - los que no van al cine - que caminan de la mano, se abrazan y se besan. Los estudiantes con sus grandes morrales y sus jeans caidos, visitan hoy más a la biblioteca, atraídos por su wi-fi gratis y de vez en cuando salen a sus barandales a fumarse un cigarrillo. No todos los árboles sobrevivieron a la remodelación, sólo los más fuertes y considerados los más adaptables al cambio.

Autor: Luis Ernesto Vasquez.
Texto tomado de: Talleres literatios. Recontándonos. Tu Cuento, Mi cuento. Nuestra Memoria.

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